Vuelta a Vantaa (2015)

La “Vuelta a Vantaa (la llaman así, lo juro)” tiene todas las papeletas para ser la más popular de las tres: no estás tan tierno como a primeros de temporada con el “Giro d’Espoo” y no es la gran tirada del “Tour de Helsinki” a finales de agosto con lo que éso supone meteorológicamente hablando. Tiene la inscripción más barata de las tres y hay evento corto para salida familiar.

Hoy no obstante aprenderemos física: De la transmutación del asfalto en algo que resbala que no veas.

Un servidor aguantó en el grupo hasta el km. 75 de carrera para pegar el hachazo. Esperó la ocasión propicia que es cuando ves que tus compañeros de grupo están bajando el ritmo despues de tres horas. Metes plato grande y arreas sintiendo el picor del ácido láctico propagarse por el muslamen.

Tiras a morir. Nunca más miras atrás y sólo tienes el pensamiento de llegar.

Se pone a llover otra vez añadiendo épica. El asfalto y tu destino, que las diosas del asfalto se apiaden y no pinches.. hasta que llegas a meta sin barritas y sin líquido en los bidones. Justo por debajo de las cuatro horas.

Exhausto, la inercia te lleva al paddock de salida con un ego del tamaño del Tourmalet y ahí los tienes en el podio: unos pavos que se jubilaron antes de que tu hicieras la comunión. Obvia decir que han llegado antes. Máxime cuando son los últimos en la ceremonia de entrega de trofeos que incluye categoria infantil, juvenil, competición, veteranos, muy veteranos, más veteranos todavía y los de la foto… cada una con su correspondiente categoría femenina.

Ejem, sí, risas.

Hechos unos chavales

La clasificación oficial muestra que llegué el penúltimo solo por delante de un santo job que acompañó a su chica (que no veas cómo gritaba pidiendo cuartel cuando perdía su rueda) durante los ciento y pico kilómetros del recorrido.

Dando ejemplo.