Velotour (2017)

El Velotour de 2017 de decidió para mí en el kilómetro sesenta y pico. Para ser exactos en el 66, coma 6.

Llevaba como una hora sintiendo que la rueda trasera pillaba baches mientras que la delantera no (los afectos a la secta del pedal pueden dejar de leer aquí y pasar directamente al final porque ya se saben la historia) y tras preguntar un par de veces a compañeros de pelotón si veían algo raro recibí sendos “ei”, que en finés es “no”, por respuesta hasta que el fenómeno desapareció.

Hasta que la inconfundible sensación de pinchazo hizo que la ecuación se resolviera: metiéndo la cámara despues de cambiar la cubierta unos días antes, no la distribuí uniformemente sobre la llanta, añade la generosa presión a la que llevaba la rueda y se explica esos baches que sólo sentía detrás. Hasta que la cámara dijo basta, claro.

¿Por qué narices no rodé más con la bici tras los últimos recambios que le puse para minimizar sorpresas? Pues porque intenté reemplazar el cable del freno delantero y…, bueno, mejor lo dejamos para otro día.

Os añado las coordenadas del páramo.

Kerkkoo se llama el sitio y tanto el Strava como el SportsTracker me dicen lo mismo: kilometro 66.6 tras algo menos de dos horitas de carrera.

No ha acabado mi boca de maldecir mi estampa cuando pasa el primer grupo a velocidad prefijada. Faltan 90kms de carrera que no me apetecen recorrer en completa soledad porque me pueden dar las uvas en meta. Fiuuu…. “ánimo!” me gritan mientras… fiuu….. pasan.

Tengo un bomba de mano en el conjunto de repuestos, pero el nombre no le hace justicia. Si Tom Hanks hubiera llevado algo así en el Apolo XIII hubieran llegado a la luna y vuelto incidente incluido. Discreto hasta decir basta, flaco, negro, inconspicuo, es un accesorio legendario: aplicarlo, bombear y en un par de minutos tienes tus 6 bares de presión mínimos necesarios en el neumático. Un minuto más casi 8 bares. El Rocco de los accesorios ciclistas.

Exceptuando esta vez que todo era darle y nada. La rueda no se hinchaba. Kerkkoo, qué mejor lugar para un gatillazo o una cámara de neumático defectuosa. ¿Os he contado ya que los aficionados no tenemos coche de equipo y sólo nos queda el coche escoba?

Exceptuando que en vez de una cámara lleve dos.

Que para estos casos se sale con dos cámaras de repuesto y no sólo una. ¿No?

Repetimos el procedimiento mientras fiuuuuu….. pasa otro grupo perseguidor…

Rocco que hace su trabajo, meto la rueda en el eje, vuelvo a la carretera, miro atrás y un grupo que me da caza. El de cabeza que se identifica: “Somos un grupo de velocidad prefijada en el Velotour y vamos a recorrerlo 28km/h de media”. Me acoplo, si bien la mala uva todavía me dura. No me extrañaría que las cadenas del resto empezaran a salirse por aquello del Lado Oscuro de la Fuerza™. No se da el caso. Debe de ser por haber hecho la Primera ComunionⓇ.

Un cuarto de hora más tarde llegamos a Porvoo. El grupo no tiene previsto parar en el avituallamiento(es el segundo de tres). Son buenas noticias, menos tiempo parado.

Cruzamos el adoquinado y volvemos a la carretera pero mi ritmo no es excesivamente jovial. De aquí a Helsinki son 50km escasos pero el recorrido dista de ser una línea recta y hay que volver a pasar por Sipoo… y los pirineos (el eufemismo que usamos por aquí para designar cualquier repecho de mas de 100 metros de longitud) de Immersby. Además de la lucha física está la batalla mental para lo que solo tienes mantras: “vacía el tarro y que las piernas te lleven”, “vacía el tarro y que las piernas te lleven”….

Más buenas noticias: mientras mi grupo llega al avituallamiento de Hindsby otro grupo que sale por lo que tampoco paro y me acoplo a los nuevos. Los repechos los paso feliz. Con fuerza para pegar un arreón pero me da que me queda poca gasolina por lo que esperaremos por lo menos a cruzar el Angliru (otro eufemismo, claro) de Kuninkaanmäki.

Al final demarro en Viiki aprovechando que alcanzamos a un grupo de media docena que andan un poco fundidos y un cartel que dice que quedan 5km. Éso son 10 minutos con el cardio al rojo. Debería sobrar como así fue.

Moraleja de la historia: el ciclismo es una operacion de especulación energética, un problema matemático de optimización donde el objetivo es arrear lo más deprisa posible sin quedarse sin gasolina antes de meta. Los entendidos lo llaman pájara aunque con tanta primavera encima igual también es una deidad: Cronos. Entrenas, no sales los sábados para estar fresco en la salida larga de los domingos, concibes una estrategia que dice que a 30km/h sin dar relevos en cabeza terminas la prueba en un poquito menos de cinco horitas….

O no.

O se te fastidia el plan maestro, que planear es la manera que tenemos que hacer que las diosas y fortunas del asfalto se descojonen.

Y con la mala leche del momento y tu cara de pocos amigos respiras hondo y te planteas qué hacer, que no es mas que respirar otra vez, emborracharte de decepción, que es en lo que estás sumergido, agachar la cabeza y seguir hacia adelante. Que mañana es otro día y mientras tengas pulso puedes acelerarlo otra vez.

Qué narices, suficientemente familiarizado con ella la decepción nunca deja resaca, sino todo lo contrario.

La próxima historia debería ser mi graduación como Randonneur. Aunque como amenace lluvia me espero al año que viene. Aviso.

ps.- a estas horas, el señor Google, que todo lo sabe, me pide que evalúe mi estancia en el café “Kerkkoon Pumppaamo” porque, claro, pasé 15 minutos allí. “Pumppaamo” en finés es estación de bombeo. A ver quién duda ahora de que haberlas, haylas.

A Froome me gustaría ver aquí