Vätternrundan 2018

"Juan Carlos Borrás, you have been assigned a start in Vätternrundan
2018 with the start time 20:32."

La preinscripción online se abría exactamente a las 20:00 hora finlandesa 11 meses antes del evento. Ocho segundos más tarde ya tenía yo finalizado el proceso si bien no las tenía todas conmigo. Ahora ya alegría, vale, pasemos a los pormenores: son 300km y si os digo la verdad no sé ni dónde está la salida.

Ésto de la crisis de la media edad se está saliendo de madre.

La crónica

Suecia, ese lugar donde pones la radio y suena ABBA, el malogrado Avicii o algo producido por Max Martin.

Motala, ese lugar de Suecia donde una vez al año se parece sospechosamente a mi pueblo: durante una semana cortan el tráfico de las calles y ponen música a tutiplén. En vez de Moros y Cristianos desfila gente en bici vestida de lycra (y la música es de Abba, Avicii y Max Martin como digo en vez de Ximo y Paquito el Chocolatero). No hay paellas pero hasta los restaurantes chinos ofrecen buffet de pasta (carbohidratos para la carrera). El evento ciclista más largo de la semana llama Vätternrundan, 300km, éso te obliga mucho en el chino. Tengo el dorsal 2486. No lo sé todavía pero he perdido mis guantes y quedan 15 min antes de empezar la carrera.

¿Cuánta gente participa? 20.000. ¿Es muy sangrienta? La verdad es que no, tan solo un 5% de abandonos; es un evento muy popular donde prima la participación y el terminarla.

¿El secreto? Un año entrenando para la ocasión y no pasarse de rosca: ir a un ritmo que puedas mantener durante horas aunque no sea intenso. En mi caso salgo completamente de tranqui dejando que me adelante todo el mundo hasta que en el km. 3 veo que alguien pierde sus guantes en la distancia. Llego donde reposan, paro, los recojo y pego un acelerón para devolvérselos. El ciclocomputador que me avisa que me he puesto anaeróbico (no tocar, peligro) pero consigo devolvérselos a su dueño. Unos guantes de neopreno estupendísimos para llevar la mano entera calentita ya que mi hora de salida asginada fue exactamente las 20:32 (hace 10 meses) por lo que voy a dar pedales durante toda la noche y su fresquito.

Levanto el pedal y a ver las cosas pasar. 50 ciclistas saliendo cada dos minutos pues seguro que en algún momento se formará un grupo bueno conmigo dentro. Mientras me doy cuenta de que hay público. Apalancados en sillas y mesas de camping, envueltos en mantas y bebiendo cerveza y cava mientras gritan Heja! (supongo que “pringao’, vente aquí a beber espumoso conmigo” en sueco) al verte pasar. Me adelanta un tren: un grupo de ciclistas encabezados por un pavo con el maillot del HelTri (un club de triatlón de Helsinki). Pienso en acoplarme pero esa velocidad me acongoja por lo que va a ser que no. Faltan 290km.

A la altura de Vadstena pillo un grupo bueno. Sus integrantes son Fredrik, Cristopher, David, Tommy y Hans. Los dos últimos no llevan dorsal sino peto. El color del peto del último es azul. Entre los 5 hay 50 participaciones en la Vätternrundan, el del peto azul tiene más de 20 en su haber, de ahí que no lleve dorsal. Su peto lo identifica como veterano y hace que el grupo delegue el liderazgo en él. Yo llevo luz en el casco. Presentaciones de rigor, cachondeos varios porque a esa hora jugaba la selección pero al tema. Faltan 280km.

Durante la carrera no se muere nadie porque la organización del evento es excelente por mil motivos. No sólo por los coches escoba dándole continuamente vueltas al recorrido para recoger los abandonos sino también porque han dispuesto 8 puestos de avituallamiento y servicio a lo largo del recorrido cuya distancia entre ellos disminuye conforme el recorrido avanza. El primero está en Ödeshög a 45km de la salida y por ello lo evitamos que 8 meses entrenando se tienen que notar.

Cinco kilómetros más tarde la carretera discurre cerca del lago pero elevada unos 50m sobre el nivel de la orilla y no hay árboles que se interpongan ante una visión de lo que parece el Mediterraneo. Curiosamente es de las pocas veces que lo veremos y tampoco es que puedas deleitarte porque tienes que ir con los ojos en la carretera: una maniobra brusca del de delante y puedes besar el asfalto. Faltan 230km.

David me comenta que vamos a llegar a una ciudad muy bonita. Se llama Gränna y de hecho lo es. Me recuerda no obstante a Porvoo… por sus adoquines que me pillan por sorpresa a 40 y pico por hora. Mencionan una de las clásicas en Bélgica pero tanto me da. El firme durante todo el recorrido es muy agradable y apenas veremos gravilla. Gränna fue la excepción. Sigue habiendo gente en las calles. Faltan 220km y anochece.

El avituallamiento de Ölmstad es en una gran esplanada. Está muy bien iluminado por focos. Aparte de los cuatros de baño de campaña conocidos en Finlanda por su nombre comercial de Baja-Maja (primera visita, buena señal, voy hidratado) y un servicio técnico para la bici tienes suministro ilimitado de agua, isotónico, pepinillos, plátanos y unos panecillos blandos que saben dulces dulces. Sigo la dieta estricta del Marqués (otro cofrade del pedal de por aquí para quien no lo conozca) en carrera (gel cada 30min, agua cada 15 como poco), pero oye, variedad y o bien los panecillos están c*j*n*d*s o son los kms. Ahora mismo formo parte del mogollón de ciclistas luchando por rellenar los bidones de agua. Ésto parece un festival del música y es fácil perderse unos de otros pero los del grupo volvemos donde hemos aparcado las bicis. Nos contamos y volvemos a salir. Parece una tontería pero es la gracia de ésto y lo que lo hace tan especial: una solidaridad entre vikingos que no se conocen y que se embarcan en el Knarr a la aventura. Faltan 215km.

Antes de llegar a Huskvarna adelantamos a un grupo que habla finés, mientras que el idioma predominante en carrera es además del sueco el alemán. Faltan 200km.

Llegamos a Jönköping con su centro urbano que cruzamos en fila de a uno por instrucciones del que controlaba el tráfico en una rotonda. Será el único sitio donde veamos una ambulancia y no es por un incidente en carrera sino una pelea de bar: hay muchas maneras de pasar un viernes. Un integrante para en el avituallamiento sin avisar y nos detenemos en cuanto nos damos cuenta pero se incorpora pronto, se disculpa y seguimos. Faltan 190km.

A la salida de Jönköping hay unas cuestas. Nada digno de mención pero por cortesía metemos plato chico y hacemos el molinillo. Subo bien y adelanto a mucha gente, un par con el maillot del HyPy (de Hyvinkää), espero arriba dándole suave. El ciclocomputador dice que voy lejos del umbral y hasta el momento vamos a 29 de media que no es gran cosa pero faltan sólo 180km por lo que por primera vez creo que ésto está hecho. No sé si lograré el objetivo pero el grupo va dando relevos y voy rodando cómodo…. si no fuera porque tengo frío. No en las manos, no en las orejas, no en el lomo, ni siento el viento pero dentro de mí sale frío.

Parte del recorrido ahora discuye por una camino peatonal lejos de la carretera. Son más de las dos de la mañana, está muy oscuro y las luces de las bicis dan lo que dan. No es problema: la organización ha dispuesto focos de sodio alimentados por generadores de diesel. No me extraña que no se les mate nadie. Faltan 170km.

Parada en Fagerhult. Panecillos, recarga de bidones (2x1l, de las mejores compras de mi vida) y lo que me va a amargar las siguientes horas: tratando de combatir el frío me meto dos cafés por aquello de que están calientes y la cafeína y demás. Dentro de 15min voy a echar de menos un Baja-Maja como si fuera mi madre. Faltan 165km.

Seguimos dando pedales en la oscuridad, vamos de camino a Hjo donde haremos otra parada pero yo me paso la siguiente hora preguntándole a Tommy cuándo llegamos. Los profesionales son capaces de hacerlo desde el sillín cuando van de corto. Yo llevo el térmico puesto; manga larga… cuento los km. que faltan hasta Hjo más que los que faltan hasta meta.

Llegada a Hjo. Uno de la organización (omnipresentes en cada cruce aún en mitad de la noche con su chaleco reflectante, la luz y la señal de tráfico para decirte por dónde tienes que ir) que nos indica dónde está el avituallamiento. Creyendo que está tan cerca como los anteriores demarro para evitar avergonzarme. Cuál es mi sorpresa cuando veo que faltan todavía 5min hasta llegar. Hans que llega a mi lado. Me toca explicarme: Papá, pis…

Hjo, ahora sí, alivio y a por panecillos pero la vista del lago es espectacular. Amanece y la ciudad está dispuesta de manera que tienes 50km de lago a derecha e izquierda. Más los 15 o 20km de anchura. Sirven lasaña y hay sitios donde echar una cabezadita pero nuestra guerra es otra y nos ponemos en marcha otra vez. Faltan 126km.

De camino a Karlsborg amanece. Cada rayo de sol sería una bendición si matara el frío. Faltan 100km. Nos miramos, ésto está hecho.

Karlsborg. Una fortaleza militar construida como plan B por si alguna vez Estocolma caía en manos extranjeras. Tiene un castillo construido con piedra caliza. Impone. Es tal cambio sobre el panorama de la carrera y me pilla tan de sorpresa que le hago fotos. Ingesta masiva de sopa de arándanos porque siento el estómago muy hinchado. Faltan 90km.

Nos ahorramos la parada de Boviken (faltan 70km) y en Aspa oímos los pitidos de la estación de control de tiempos (faltan 55km). Llegamos al puente de la ensenada de Hammar. La vista del lago otra vez es preciosa pero los escasos 10m de desnivel del puente sientan como un Tourmalet. El amanecer me está sentando mal. Al final del puente y cuesta abajo está otro punto de servicio: Hammarsundet.

Panecillo, sopa de arándanos (de hidratación bien, pero sigo con el estomago hinchado como una pelota) e isotónico como si fuera Rioja. Me doy cuenta de que te pueden dar un masaje para ayudarte a llegar pero busco un lugar donde sentarme al solecito porque tiemblo como un flan. Podían ser dos suecas de metro 90 en bikini las masajitas que ahora mismo solo quiero me caliente el astro que a estar horas lucha por hacerlo. Tiemblo. Hans me mira y me dice que venga, que ésto ya está. David me mira y me dice que ésto ya está. Tommy me da una palmada en el omóplato. Nunca nos lo dijimos de forma explícita pero nos hemos prometido llevarnos unos a otros a meta. Complicidad, sincronía uno de esos tesoros que uno se encuentra en la carretera. Faltan 40km.

Coincidí en mi alojamiento con dos irlandeses que decían que los km finales los hacías más rápido que los anteriores con tal de llegar antes. No es mi caso. Todo me parece mal. Coincidimos con otros grupos pero no hay coordinación cuando nos fusionamos y me pone de mal humor. No paramos en Medevi, última asistencia del recorrido ya que no tiene sentido demorar lo que está hecho. Faltan 25km.

Aún con mal humor sigo siendo capaz de dar relevos. David ya no puede, Tommy se queda en cada mínima subida, Kristofer tiene un comportamiento errático en la bici y hace maniobras bruscas, Fredrick parece entero y creo que sería el más fuerte de todos en una carrera de 4 o 5 horas pero es Hans el que es una roca.. éste último sube en cabeza hasta mi lado y me adelanta rápidamente porque es su manera de no hacerme acelerar al grupo: llevamos a una veintena detras que también van justos. Aunque parece que estoy fuerte es histeria, rabia porque quiero llegar a casa. Giro a la derecha para cruzar Lemunda. Empieza a llover pero no me importa, me gusta la lluvia. Faltan 10km.

Me meto pastillas masticables de azucar en la boca. Entre que las busco en las profundidades de mis riñones y me las tomo sin ahogarme me descuelgo hasta el final del grupo. Estoy cansadísimo pero vuelvo a cabeza fácilmente en cada cuesta. Hans me mira. ¿Dónde está David? Lo acabo de ver al final de grupo, no puede más, voy a por él y le hago compañia, le digo. Me dejo caer. Llego al final del grupo. No lo encuentro. A ver si es aquel que va allí detras. Espero y tampoco. Mxxrdx, hemos perdido a uno. Me empiezo a calentar la cabeza. No vuelvo al grupo por vergüenza y un poco porque me sacan ya 500m. A dos km de meta hay un McDonalds. Igual está abierto. Un cacao calentito? El último km está vallado por la organización, la toma de tiempos a 200m de la llegada… Ya. Me ponen la medalla y ya.

Mentiría si dijera que sé dónde estoy. Esas sonrisas cruzando meta no suelen darse. Necesitas recuperarte unos segundos tras cruzar y entonces sí. Levanto la cabeza y veo a Hans, me mira y sonrie. Se acerca y se trae a David que se puso un chubasquero color amarillo zanjas que no me dejaba ver su maillot blanco y rojo. Abrazos, risas, celebraciones, foto de rigor, la de arriba…

¿Intenso todo? Pues me dejo en el tintero al pavo que vi haciendo la carrera en una Fat (una bici de ruedas anchas enormes), los dos o tres con MTB, la infinidad de híbridas, los que cargaban mochila o panniers o saco de dormir o todo lo anterior (lo importante es participar, recuerdan?), aquella señora con bici de paseo, cestita y bolsas traseras a la que adelantamos y que juro que tomaba parte en el evento porque tenía la cestita llena de provisiones y las bolsas llenas de algo, o aquella corredora que poco antes de Fagerhult había parado en la cuneta con la mirada perdida hacia en infinito, o aquel que cambiaba su cámara pinchada a las 2 de la mañana y sin luz…. y más que no recuerdo o que el cansancio se encargo de que no llegara a mi memoria.

Luego están las gestas, claro: por ejemplo las finlandesas del Finska Kompaniet destrozando el record femenino en vigor: de 9h lo han dejando en 8h15min aunque se dejaron por lo menos a dos compañeras en el camino por averia. Uno tiene sus planes, otra cosa es la carretera.

Conforme mandaba whatsapps notificando la gesta (11h42min, pero creedme es abordable, miles de corredores la terminaron en un tiempo similar) me zampaba el desayuno compartiendo el único banco al que le daba el sol delante de la iglesia de Motala. A mi lado otro corredor que acababa de llegar y que confesaba haberla hecho ya 15 veces o así. Manda güevos pensé mientras temblando me abrigaba una cerveza (sin alcohol) fresquita y un plato de pasta cortesía de la organización.

A casita (pedaleando por cierto), ducha calentita y 8 horas de sueño.

Aún así volví al lugar de los hechos cuando me desperté. La línea de meta cerraba oficialmente a las 23:00 pero la organización la mantuvo abierta hasta media noche. Los últimos en cruzar una banda de 6 amigos montados en híbridas con pequeñas mochilas. Dar una vuelta con los colegas se llama éso.

Mientras conducía de vuelta por la carretera de salida a Motala vi el cruce por donde la organización te desvía hacia un camino peatonal. Justo en ese punto recogí los guantes, a partir de ahí el arreón para devolverlos. Un poco más adelante un puente que pasa por encima de la carretera. La Vätternrundan continua hacia el oeste, yo hacia la autopista que está al sur. Mientras lo cruzo cierro los ojos y me imagino una hilera interminable de ciclistas. Ahí estaba yo hace unas horas.

Sonrío y empiezo a comprender cosas.