El tico y los abedules

"Amigos, algun interesado en acompañarme este sabado 30 a los 100k
'gravel' en Bemböle? Vale 20eur mas 2 cervezas??? Ciclocross"

Parece que no pero es casi una llamada de socorro. La carrera hay que hacerla en parejas cosa que no le doy demasiada importancia al principio pero tiene su miga.

"Me está picando... (...) Déjame que lo consulte en casa. Si alguien
más se ofrece dile que sí".

Nadie dijo nada. Alea jacta est. Ahora toca explicar la historia entera.

El que buscaba compañía es un tico (un costarricense para tí que no lees el DRAE) que conocí en una salida ciclista hace semanas. Un tipo majo. Amante de la MTB y la madre naturaleza que dió decorado a la primera peli del “Parque Jurásico”. El evento es para tipos como él ya que es lo más parecido a su tierra que puede encontrar aquí en septentrión. Javier, un fenómeno, que te puede contar tantas cosas de allí que harán que aborrezcas tanto vuelo a Canarias y tan poco a San José.

Lo de 100km de gravel no me asustó. A fin de cuentas comencé a pillarle el gusto al dar pedales por los caminos de tierra de Keskuspuisto y Paloheinä. Eran tiempos de bici híbrida y ese verde tan especial que tiene el bosque cuando llueve. Los 20 eurillos son una propina para la organización, y las dos cervezas es para socializar en la meta mientras los participantes terminan el reto. No sólo de isotónico vive el deportista y la cerveza es rica en carbohidratos que son necesarios para recuperarse despues de una carrera.

Lo que no sabía es que es obligatorio que por lo menos uno de los participantes de duo lleve la ruta de la carrera en un GPS en el manillar más que nada por no terminar en Calatayud que en estos eventos populares no hay coche escoba ni señalización viaria que te ayude.

En cuanto a público,…bueno, ardillas, algúna boy-scout, recolectores de arándanos varios y reza por que no te salga un mamífero más grande.

Finalmente y por supuesto… ¿cómo era aquello? Si un árbol cae en el bosque sin nadie alrededor, ¿hace ruido? Lo de ir en pareja es para asegurarse de que si sufres un percance en los bosques del norte de Espoo tienes un compañero de escapada que llamará al 112 para que llegue la ambulacia y te evacúe. Aunque éso ya dependerá del lugar porque no veas la aventurita.

Éso antes de empezar.

En la línea de salida el GPS que me dice que despues de toda la noche de cargarlo sólo le queda el 52% de la batería. Yo estimo, iluso de mí, terminarla en 4 horas o así por lo que probablemente se agote la batería. Mal asunto y no es plan llamar a Luis tan temprano para quejarse del aparatito que tan amablemente me ha prestado.

Ahóra sí, nos dan la salida.

2km en carrera y el GPS que te manda por una senda angosta por lo que tienes echar el pie al suelo y cargar con la bicicleta. Faltan 98km. Supongo que la organización la habrá puesto para que nos hiciéramos a la idea de lo que nos esperaba. No tocara desmontar una docena de veces más.

Unos 20km más tarde y con la bici otra vez al hombro meto el pie en un hermoso charco de agua fría y negra empapándome hasta el tobillo. Faltaban todavía 80km, planazo para animales de asfalto y secano como yo. ¿Acaso no leíste “Ciclocross” más arriba? En algún momento el otro pie también se empapó de lo mismo aunque después del primer suceso te da igual todo un poco ya.

Pero éso fue más tarde, un poco antes de salir por entre la maleza y tropezarnos con tres caballos en una granja que no podían explicarse qué narices hacíamos allí y por qué hacíamos lo que estábamos haciendo. Ese gesto de las tres cabezas juntas inclinadas mientras nos miraban… “pobres bestias” debían pensar.

Nos perdimos un par de veces, tomamos el giro equivocado otras tres, nos encontramos puertas metálicas que nos cerraban el paso y de las que hicimos caso omiso. Las buenas noticias es que tras 3 horas en el ajo el GPS seguía diciendo que le quedaba el 52% de batería. Entonces es cuando sabes que la vas a terminar… sin pasar por Calatayud.

Y el factor deportivo, claro, más de una cuesta en la que ni el desarrollo más corto te ayudaba a superarla por lo que, otra vez, y van ya, pie a tierra y a empujar… pero fíjate que en alguna de ésas lejos de negociarla caminando me dio por correr empujando la montura. De forma natural, mira, porque me lo pedía el cuerpo.

Desde entonces que si quiero ponerme una sonrisa en la cara rememoro el momento. Que en esta vida hay que celebrar siempre las pequeñas victorias.

La clasificación final y tal fue anecdótica. Por no ganar no ganamos ni la categoría de mejores fotos en el Instagram (irónico ir a una carrera y hacer podio por fotógrafo, pero ni por esas) pero como el año que viene les de por organizarla otra vez, yo vuelvo.

Don Javier, con Vd. las veces que haga falta.