El material

El material, esa palabra que designa al conjunto de la bici: cuadro, pedales, neumáticos, ruedas, cadena… hasta la cinta de manillar o el bombín. Un mundo donde dejarse los cuartos bien dejados y fuente de curiosidad porque a veces sale a cuenta preguntar y no hacer el experimento uno mismo.

Sale el vecino con su bici y le alabo el gusto. Siete kilos pesa, me dice. ¿Aluminio? – pregunto yo que soy un clásico –; ¡Carbono! – contesta. La levanto con la mano izquierda y voto a brios que por ahí rondará. Hete aquí la historia no obstante: el mozo probablemente me saque 4 dedos por arriba y un palmo por cada lateral. Su masa mejor no la pregunto para no incurrir en conflicto diplomático o perturbar la armonía en la comunidad de propietarios. En cualquier caso punto para el Carbono. La envida, que es muy mala, me dice que empecé con la mía allá por mayo con el metal que arde pero que ahora sumas y si no toda de carbono por ahí andara. Como dice el refrán: el que no se consuela es porque no quiere.

El material. Esa bendita palabra fuente de discusiones interminables: ¿qué grupo?, ¿el 105 o el Ultegra?, ¿Cubiertas de 23mm o 25mm?, ¿Cámaras Schwalbe con antipinchazos o las Michelin de competición?,¿Y esa potencia para el manillar de sólo 200 gr.? Porque lo del carbono es definitivo. Esos silencios en la tropela cuando llega uno con la bici nueva. Esos ojitos que se abren más inspeccionando el nuevo diseño del cuadro para esta temporada. Mucha reflexión al respecto del material, mucha.

Pero nada comparado con la bici blanca, como la de la foto. Ésas sí que impresionan.

Caído por la causa.

Habré pasado por ese cruce como un centenar de veces. Dependiendo del volumen de tráfico eliges o el paso de peatones asociado al semáforo o alguno de los dos posteriores asociados a la parada de tranvía. En dirección oeste los coches no pueden acelerar demasiado (vienen de abandonar Manneheimintie por la izquierda y hay semáforo). En dirección éste la cosa cambia: Tukholmankatu está construida sobre un cambio de rasante cuya cima es el cruce con Topeliuksenkatu; hay semáforos pero una vez los sueltas los coches rara vez se paran en el primer paso de cebra por su inminencia si bien cuando los de detrás no los aprietan suelen levantar el pedal en el segundo dándote tiempo para cruzar. El tercero es el del semáforo y ahí manda la cromatografía.

Según testigos presenciales, lo que dicen las noticias y la debida presunción de inocencia el conductor al volante buscó intencionadamente la embestida y tras lograrlo siguió su camino aunque tras las pesquisas pertinentes (con tanto testigo por la zona ya os podeis suponer lo que dice el atestado) fue detenido por la policia. En comisaria y ejerciendo su derecho se niega a declarar. El del pedal fue trasladado al hospital, que irónicamente está a menos de un kilómetro, donde pasó sus últimas 24 horas. Había manifestación/homenaje al finado hoy desde Kiasma hasta el punto fatídico; todos montados en sillines, claro. A poco de empezar un autobus urbano ha embestido a un participante. No hay que lamentar más desgracias personales si bien más inri.

El cielo debe ser un puerto largo que subes desde el secarral de la costa para cruzar regadíos, llegar a bosques de coníferas y terminar allá en lo alto en un paisaje lunar con una sonrisa en la cara en vez de lactato en los músculos. Éso o el viaje a la oficina donde llegas sin sudar y alegre porque has pillado todos los semáforos en verde. O esa senda que solo puedes ver tu y por donde te tiras a tumba abierta sin encontrar otro obstáculo que un aire fresco que huele a hojas de los árboles.

La putada es que llegas montado en una bici blanca, el peor de los materiales.