Una avería seria y lejos de casa

Pues éso, que se las prometía uno felices este fin de semana largo sin las fieras, con el Giro d’Espoo en 4 semanas y con ganas de meterle millas al cuerpo para que el hacer esa carrera por primera vez y tan pronto no sea un experiencia demasiado desagradable: ruta del TdH y a la altura de downtown Nurmijärvi girar bruscamente al sur y por la carretera pim, pam, pim, pam a casa con 90 km entre pecho y espalda.

Quiá.

Km 37, 500m antes del cruce entre Velskolantie y Vihdintie siento un tirón en la rueda, paro a ver y un radio partido a la altura del eje. Me lo expliquen porque mira que iba suave. Llamo al Servicio Técnico (por whatsapp a los que estabais de guardia) ya que uno es virgen en esta tesitura y mientras espero la contestación intento meterlo entre los otros para intentar proseguir, pero por alguna dinámica en la vida interior de la llanta, los radios y el resto el conjunto pierde la alineación con el eje y por más que lo intento no consigo que la rueda deje de tocar las pinzas del freno en cada revolución.

Juramento.

En cualquier caso sé que ahí hay una parada de bus y que el cartel dice que te llevan hasta Helsinki. Bueno. Llega un paisano y me pregunta si viene pronto, tiro de reittiopas y hay uno en 5 minutos. Vale. 7 minutos más tarde llega el bus, le digo al paisano que suba que yo voy cargado y cuando me toca enseñar la tarjeta de transporte el conductor me dice que la bicicleta no sube.

Juramento.

Se va el bus y el paisano pero no me sube el pulso, por aquí pasan coches a tutiplén y en el espectro opuesto al mochilero psicópata barbudo haciendo auto-stop está el pringao en mallas con la bici rota: paran seguro y con tanto farmari en el parque de vehículos no debería ser muy complicado llegar a Helsinki.

Paran dos ciclistas interesándose pero con poco consuelo y con el pulgar consigo hacer para a un Auris (poco maletero), a un farmari con los actores de “Cars” que aparecen en el toma de los perdidos en el pueblo… y es al final cuando una moza en una Kangoo se apiada (mientras Jose me llama por teléfono).

Le cuento a la conductora el problema, metemos la bici atrás, me subo con ella, aparto el paquete de tabaco del asiento del copiloto y me percato de dos botes de cerveza vacíos junto a la palanca de cambio.

Le devuelvo la llamada a Jose e intento hacerla breve por no hacerle un feo a la conductora. Intento que la historia sea amena, le arranco un par de risas y el plan original de dejarme en Kehä-III se convierte en un paseo hasta la estación de Leppäväärä.

Se llamaba Emmi, venía de montar a caballo en Nurmijärvi, el coche es de su hermano (el suyo se lo sisa a su madre) y trabaja a ratos como conductora del Taxi de otro. Ayer se comió un turno de 16 horas y aún siendo la noche se que era dice que la clientela se comportó. Su tarde prosigue con turno de taxi previo paso por el grifo para no oler a equino en el vehículo. Le di las gracias como no puede ser de otra manera.

Tren S y a casita si bien uno no pudo evitar sentirse un poco hombre-objeto entre las pasajeras. El textil prieto es lo que tiene. Mañana de rabia cojo la híbrida y siguiendo los consejos de los sabios me voy por el este. Jose Rubio es una madre.